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INTRODUCCIÓN

Desde muy antiguo los hombres han pisado nuestra tierra como lo demuestran las hachas pulimentadas encontradas que datan de la Edad del Bronce (hace 2.500 / 3.000 años).

Algo menos antiguos (de hace unos 2.000 años) son los restos romanos aparecidos en El Llano, Soreta y Solano, en este último, un ara dedicada a Júpiter y una figurita de bronce, lo que indica que se seguía habitando la zona, aunque no la localidad.

A mediados del siglo IX debía de ser una de las plazas importantes del reino pamplonés. Muhammad ibn Lup, uno de los grandes caudillos de la familia Banu Qasi, se alzó contra sus familiares y extendió sus dominios ocupándoles Zaragoza, Valtierra, Tudela y San Esteban de Deio. Penetró en el reino y se enfrentó al rey García Iñiguez, muerto en la batalla; poco después arrasaba el castillo de Aibar: En el año 882 "fractus est castro de Aybaria a Mohamed ben Lup". El castillo de Aibar, del que tan solo queda su topónimo (el cerco), desde su estratégico emplazamiento, vigiló las incursiones agarenas del valle del Ebro por el curso del Aragón.

Deberemos esperar al S. XI para que la villa y su señorío adquieran protagonismo. Es a raíz del hijo que el rey Sancho el Mayor tuvo con la dama aibaresa doña Sancha. Este hijo no es otro que Ramiro (futuro Ramiro I rey de Aragón) que recibe en herencia, además de las tierras aragonesas, la villa de Aibar y su señorío (año 1035). Esta extraña situación cambia ya el año 1062 en el que Aibar vuelve a manos navarras.

Nuevamente los aragoneses toman la villa el año 1.200 (S.XIII) en su lucha contra Navarra y su rey Sancho VII el Fuerte. En esta ocasión Aragón forma alianza con Castilla que le arrebata Álava y Guipúzcoa. Por fortuna el propio rey recupera la villa para Navarra y ya será siempre parte del reino navarro.

Como villa de realengo, siguió abonando pecha a la corona, hasta que en 1368 fueron recucidas por Carlos III en dos sueldos anuales por cada casa.

El 27 de Marzo de 1397 y en atención a "la gran lealtat, penas e trabajos que los francos de nuestra villa han mostrado e pasado en tiempos de guerra y adversidades les hizo" hijosdalgo a todos y extiende esta gracia a cualquiera otras personas , hombres e mujeres e crianzones que allá fuesen a vivir tanto por casamiento como por cualquier otro motivo" y la posibilitan para "comprar sacar e llevar el vino de su cosecha hasta las partidas de Aragón, Castilla y otros reinos y señoríos".

Nuevamente la villa de Aibar se cita en una carta que Doña Blanca de Navarra envía a su esposo Don Juan el 17 de Septiembre de 1425 y en la que se ensalza la valentía de los aibareses.

Años después (1451–1452) Juan II y el Príncipe de Viana luchan en Aibar. Derrotado el príncipe es hecho prisionero por su padre. Es una triste época de guerra civil. Navarra se divide entre padre e hijo quedando Aibar fiel a Don Carlos el Príncipe de Viana a quien reconoce como heredero legítimo.

Es el propio Príncipe Carlos quien en 1459 "la instituyó e hizo noble y buena villa en el reyno" y le dio el título de "muy leal y fidelísima".

Fue buena villa con asientos en cortes. Durante el siglo XVI vivió tiempos de prosperidad, reflejada en la ampliación del templo parroquial de San Pedro, en el que fue sustituida la cabecera románica triabsidal por la actual con el crucero y la portada plateresca de acceso. De esta época son también un crucero con el escudo de armas de la villa en el fuste, y una custodia de plata.

Existían en Aibar dos palacios, el deyuso, "que le dicen del río" cuyo escudo era de cinco fajas de azur en campo de oro y el de suso o casa del barrio de arriba que traía por armas seis paveses de oro en campo de gules. Contaba Aibar además de con las dos iglesias románicas de San Pedro y Santa María que se conservan en la actualidad, con las ermitas de San Julián, San Felices, San Jaime, San Juan Bautista, San Lorenzo, San Miguel, San Millán, San Roque, Santa Cecilia, Santa Lucía y Santa Romana, todas ellas desaparecidas, de algunas de las cuales se conserva su recuerdo en los nombres de término. Se conserva en cambio la ermita de San Joaquín.

Durante la Guerra de la Independencia los franceses fusilaron al alcalde, al vicario y a cinco vecinos. A otros los deportaron a Francia o los encarcelaron o les expoliaron sumas apreciables de dinero.

Durante los tiempos modernos, formaban el valle al que Aibar da nombre, y del que es cabeza, La Valdaibar: Abaiz, Arteta, Ayesa, Eslava, Ezprogui, Gallipienzo, Gardaláin, Guetádar, Julio, Leache, Lerga, Loya, Lumbier, Moriones, Peña, Rocaforte, Sabaiza, Sada, Usumbelz, Izco y Javier. En 1844 Aibar obtuvo de la Diputación su separación del valle, a pesar de la oposición de los restantes integrantes de la comunidad; pero fue en 1846 cuando se hizo efectiva la medida, a la vez que se deshacía todo el valle en varios ayuntamientos.


AIBAR HACIA 1850
Así describía Pascual Madoz Aibar en su diccionario historico-geografico-estadístico de 1845-50:

Villa con ayuntamiento de la provincia, audiencia territorial y capitanía general de Navarra, merindad y partido judicial de Sanguesa (1 legua), valle y arciprestazgo de su nombre, diócesis de Pamplona.

Situada a la margen derecha del río Aragón en la pendiente de un elevado cerro, en cuya cima se divisan los vestigios o cimientos del antiguo y fuerte castillo cuya rendición tanto costó a los aragoneses en tiempo de su rey D. Juan II: combátenla principalmente los vientos del Norte y su clima es muy saludable. Forman el pueblo 213 casas, contándose entre ellas la consistorial, cárcel pública, carnicería, pósito, un hospital donde los enfermos pobres de la villa obtienen asistencia y medios de curación, el palacio del marqués de Ayerbe y otro perteneciente al marqués del Vadillo, cuyos edificios no ofrecen particularidad alguna. Hay también escuela de primeras letras dotada con 200 robos de trigo y 300 reales, a la que asisten 100 niños y otra dirigida por una maestra que tiene de sueldo 90 robos de trigo y 240 reales, a la cual concurre igual número de niñas para instruirse en las labores propias de su sexo. Tiene además una iglesia parroquial dedicada al apóstol San Pedro, servida por un cura llamado vicario y 6 beneficiados, y las ermitas de Sta María y San Joaquín, hallándose a 1/8 legua al Oeste de la población otra titulada de San Juan Bautista, en todas las que se celebra misa los días festivos. Dentro de la villa hay una fuente con su lavadero público; sus exquisitas aguas así como las de otros manantiales que brotan en distintos puntos del término sirven también para surtido del vecindario, abrevadero de ganados y otros objetos de agricultura. Confina el Término por el Norte con los de Izco, Nardués y Lumbier a dos leguas; por el Este con los de Sangüesa y Rocaforte a una legua; por el sur con los de Caseda y Gallipienzo a una legua y media y por el Oeste con los de Sada y Leache a tres cuartos de legua. Su longitud de Norte a Sur es de tres horas y una de latitud de Este a Oeste. Los diversos manantiales que se dijo brotan en él, dan origen a un riachuelo que no tiene nombre, pero es tan caudaloso que el sobrante de sus aguas se vende a los vecinos de Sangüesa, y con las mismas se mueve el molino de Caseda. El terreno participa de monte y llano y su calidad arenisca, arcillosa y caliza es bastante fértil: abraza unas 6000 robadas de cultivo y 2000 incultas por ser ásperas y estériles, en las cuales solamente se crían algunos pastos, arbustos y maleza: en la parte montuosa, cuyo circuito será de una hora, hay robles y otros árboles, cuyo número era muy considerable antes de la guerra de la Independencia; en el día se halla notablemente disminuido, si bien los habitantes se esfuerzan por mejorarlo. En las tierras bajas y de labor se ven muchos viñedos, sembraduras de cereales, prados de pastos y varios trozos de regadío. Los caminos son de herradura, conducen a los pueblos inmediatos y se encuentran en mal estado. La correspondencia se recibe de Sangüesa por medio de balijero que sostiene el ayuntamiento: llega los domingos, martes y viernes a las 12 del día y sale en los mismos días a las 8 de la mañana. Producción de trigo, avena, cebada, centeno , mucho vino, poco aceite, especialmente desde 1830, en cuyo año los hielos inutilizaron la mayor parte de los olivos, legumbres y hortaliza; cría ganado vacuno, lanar, cabrio y el mular, caballar y asnal necesario para la agricultura, y caza de perdices.

Industria. Una parada con dos garañones y caballo padre, arrieria, molinos de aceite y fábrica de aguardiente; Comercio. El de importación de linos, cáñamos, aceite y géneros ultramarinos y coloniales que se conducen de Francia, Aragón y Cataluña y el de exportación de frutos sobrantes del país, principalmente el de aguardiente, que se portea a los valles de Salazar y Roncal. Población 260 vecinos, 1360 almas. El presupuesto municipal asciende a 28338 reales: se cubre con unos 15350 que producen las fincas de propios y ramos arrendables, y el resto por reparto entre los vecinos.

En 1366 tenía Aibar con Santa Cilia 97 vecinos entre ellos 35 hidalgos. El rey D. Carlos II la libertó de la pecha de dos sueldos anuales que pagaba cada casa, en el año 1368. En 1397 D. Carlos III considerando la lealtad de los francos de esta villa, y lo que sufrían en las guerras con Castilla y Aragón, los hizo nobles, y asimismo a cuantos en adelante viniesen a vivir en ella. Les concedió que tuviesen un alcalde para cuya elección los jurados y el concejo propusiesen al rey tres personas de la villa: que si ocurrieren muertes, heridas o peleas entre los vecinos, el alcalde y los jurados les requiriesen para dar treguas los unos a los otros, y que de hecho las diesen; y que pudiesen entrar libremente vino de la cosecha del pueblo a Castilla y Aragón. El rey D. Juan II confirmó este privilegio en 1428. Esta villa tenía asiento y voto en las cortes, y de ella se hace mérito en muchos documentos antiguos en los cuales figuran como testigos los gobernadores de Aibar. Su iglesia perteneció al monasterio de San Juan de la Peña cuyo abad D. Blasco en 1056 hizo donación del término de Santiago de Aibar para que los habitantes del valle de Aezcoa fundasen una nueva población. El rey D. Sancho el Mayor cuando dividió los reinos, adjudicó esta villa a Don Ramiro de Aragón.


AIBAR Y EL EUSKERA
SOBRE EL NOMBRE VASCO DE AIBAR

Mikel Velasco
Coordinador del Proyecto de Toponimia Menor de Navarra

Navarra, comunidad bilingüe

En Navarra, como en otras regiones europeas, se habla más de una lengua. En este caso romance y vascuence son las dos lenguas que de manera natural han sido habladas por los navarros desde hace siglos.

Esta situación va a tener reflejo en los nombres de las principales villas y ciudades navarras, lugares de encuentro de las dos comunidades lingüísticas, que, en muchos casos, recibirán distinta denominación dependiendo de la lengua utilizada: Pamplona-Iruña, Monreal-Elo, Puente la Reina-Gares, Lumbier-Irunberri, Tudela-Tutera, Sangüesa-Zangoza...

Como se verá más adelante Aibar también cuenta con doble denominación Aibar-Oibar.

Situación lingüística en la Comarca de Sangüesa

Ahora bien, la distribución geográfica de los idiomas propios de Navarra ha sufrido considerables cambios en los últimos doscientos años. Diversos documentos y los estudios de toponimia menor de Navarra muestran una nítida frontera lingüística que se mantuvo prácticamente inalterable hasta que en los siglos XVIII y XIX comenzó a dejarse de hablar el vascuence en amplias zonas de Navarra.

La comarca de Sangüesa muestra una situación muy interesante y variada. Al oeste del ría Aragón (Sada, Leache, Ayesa, Gallipienzo), con excepción de Rocaforte y Aibar, el vascuen ce fue la lengua principal hablada hasta, seguramente, finales del siglo XVIII. Eran igualmente vascohablantes Lumbier y Ujué. Al otro lado del río (Sangüesa, Javier, Cáseda y además Liédena y Yesa) la pérdida del vascuence pudiera remontarse al primer milenio de nuestra era.

Tanto Ricardo Ciérbide como Menéndez Pidal consideran tres fases de romanización en el nordeste hispánico. Una primera afectaría al corredor del Ebro, una segunda al Alto Aragón y zona oriental de Navarra (Sangüesa) y finalmente un romanceamiento tardío que todavía hoy continúa. La segunda de estas fases es la que habría afectado a Sangüesa y, según los citados autores habría acaecido hacia los siglos VI o VII de nuestra era. En Aibar todavía se habría hablado algún siglo más, de hecho su toponimia conserva todavía algún nombre vasco. Patxi Salaberri cifra la pérdida del vascuence en Aibar hacia el siglo X.

Así pues no es difícil imaginar una localidad como Aibar donde sus naturales hablasen desde muy antiguo una lengua romance (romance navarroaragonés) pero donde la presencia de vascohablantes no de los pueblos vecinos, e incluso valles pirenaicos, harían del vascuence una lengua cercana y familiar.

Los nombres de Aibar: Documentación antigua

Aibar
Aibaría (882); Agibare, Fort. Gar. De (1027); Aibar, Aibare, Aibari, Aiuar, Aiuare, Aiubare, Aiuuar, Aiuruuare, Aivar, Aybare, Ayuar, Ayvar (SS. XI-XIII)

Oibar
A pesar de que el nombre vasco, como la propia lengua vasca, rara vez aparece en la documentación oficial, a veces, por medio de topónimos, se llegó a escribir en escrituras.

Oiuar (1074, 1076); Garcia Oivarco (s. XI o XII)

Por lo general el nombre viene unido a la voz bidea "el camino":
Ottra viña... en Oibarbidea (en Leache, año 1763)
Otra viña... en el camino de Oibarbidea teniente al Camino que de Aibar... (Leache, año 1723)
Otra viña... en el Camino de Oibarbidegaña teniente... al camino de Aibar (Leache, año 1723)

Testimonios orales

El nombre vasco ha sido conservado hasta nuestros días por los vascohablantes del valle de Salazar, buenos conocedores de la zona, debido a su tránsito anual siguiendo la ruta marcada por la cañada de los salacencos.

Concretamente llaman Oibarre a Aibar, pronunciándolo Oibárre y Óibarre.

Consideraciones sobre los datos aportados
El nombre vasco: Oibar

La Real Academia de la Lengua Vasca, a la vista de la documentación y de las pronunciaciones recogidas en el valle de Salazar, decidió proponer en 1988 que Oibar fuese el nombre vasco de Aibar.

Más tarde Patxi Salaberri, miembro de la Comisión de Onomástica de la Real Academia de la Lengua Vasca, explicaba las razones que hacían de Oibar, y no Aibar, el nombre vasco de la villa. Cree por un lado que oibar podría ser la forma más antigua y original, aunque no tanto por los datos obtenidos de la documentación antigua sino por comparación con otros nombres que aparecen en la toponimia de otros lugares. En este sentido cita la existencia de otros antiguos núcleos de población, hoy despoblados, y diversos parajes que también llevan el nombre de Oibar (Valdorba), Oibar (Valle de Imotz), Oibar (Zubieta), Oibarzoko (Aia-Zarautz), Oibar (Gizaburuaga).

Pero además insiste en el hecho de que en el vascuence de Salazar se dijese Oibarre y en que en la toponimia vasca de la comarca aparezca también Oibar en pleno siglo XVIII.

Etimología del nombre

El nombre está compuesto de la voz vasca ibar "valle", "vaguada" y un primer elemento no identificado. Parece que el nombre original fue Oibar de donde posteriormente surgíó Aibar, aunque este hecho es difícil de probar.

La pronunciación oibarre muestra una –e final que según Patxi Salaberri es paragógica y surgida del uso de la declinación Oibarrera Oibarretik...

Conclusión

Aibar, nombre oficial hoy, es el que se ha utilizado en la villa desde muy antiguo para su denominación. Oibar, por otro lado, fue el utilizado por los habitantes vascos de la comarca y otras zonas vascas de Navarra para referirse a la misma población.

Repasando la documentación medieval del monasterio de Leire nos encontramos que este despoblado cercano a Tafalla fue conocido como Oibar de Yuso, "Oibar de abajo", seguramente para diferenciarlo de otro Oibar situado a mayor altura y de mayor importancia: el actual Aibar.


LA NEVERA DE BIZKAIA
LUCES Y SOMBRAS DE UN POZO DE NIEVE

David Alegria Suescun
Departamento de historia. Universidad de Navarra

"En Navarra, bebimos (...) un azumbre de vino, más helado que si fuera deshecho cristal de los despeñados desperdicios de los nevados Alpes; porque vale tan barata la nieve en aquel país, que no se tiene por buen navarro el que no bebe frío y come caliente".
Vida y hechos de Estebadillo González, hombre de buen humor, compuesto por él mesmo, E. Gonzalez, cap. XII (1646)

Introducción

Durante el siglo XVIII la villa navarra de Aibar contó con dos pozos donde acumular nieve y hielo para su posterior consumo. El primero de ellos, el llamado pozo del Cerco, responde a las características del típico pozo de almacenaje (1), mientras que el segundo, la nevera de la Bizkaia, se corresponde con el modelo de pozo de aprovisionamiento en medio del monte. A pesar de contar con estos dos depósitos, el abastecimiento de nieve a la villa de Aibar a lo largo de la mencionada centuria se convirtió en una tarea difícil, no sólo por motivos puramente climatológicos de escasez de nieve, sino también debido a los problemas planteados por la defectuosa construcción y el emplazamiento "erróneo" de uno de sus pozos, el de la Bizkaia.

Los vecinos han abierto un nuevo pozo

El llamado pozo de nieve o nevera de la Bizkaia se localiza a unos 4 Km. En línea recta al NW de la villa de Aibar, dentro del término comunal de la Bizkaia. Exactamente, se encuentra situado a pocos metros del corral de Longás, en un pequeño promontorio entre dos barrancos, que servirían de aliviaderos, y a unos 830 metros de altitud. La antigua caseta-cubierta que protegía el hueco ha desaparecido, quedando únicamente una profunda oquedad recubierta por un potente muro de piedra seca. No se aprecia ninguna zona acondicionada a su alrededor para las tareas de carga y descarga de la nieve.

Varias noticias certifican la construcción de la nevera de la Bizkaia en tres fases sucesivas (1723, 1724-1725 y 1727-1728). Gracias a la detallada información que aportan es posible llegar a una reconstrucción de este pozo de nieve.

La primera de las fases tuvo lugar en 1723. Durante el verano de este año, los vecinos de Aibar abrieron un pozo en el monte de esta villa, en un paraje comunal que llamaban de la Bizkaia, para acubilar en él niebe, para el abasto de los vezinos y para vender la que se pudiere afuera de esta villa. La nevera, por tanto, se construía en un terreno comunal y con el propósito de auto-abastecer a la población de Aibar, pero también, para vender, en la medida de lo posible, excedentes a viajeros o en localidades limítrofes. Los gastos de su apertura fueron costeados a expensas del producto que se había sacado en los campos de cultivo comunitarios.

(...) dijeron que los vezinos de esta villa el anno ultimo passado hizieron en los comunes de la Bizcaia, a sus expensas, un pozo nuevo para acubilar en él niebe, (...)

El alcalde y los regidores de la villa determinaron que los beneficios de la venta de nieve de este pozo irían a parar a los propios vecinos, siendo administrados por el depositario del trigo. Igualmente, contemplaron que los vecinos no podrían arrendar ni administrar directamente el pozo sin el consentimiento expreso de la Junta de la Veintena de Aibar. Por último, se dictaminó que los maderos y despojos para el pozo, se obtuvieran del Monte Robledal de Aibar, un paraje cercano y profuso en vegetación. Aunque también se advertía que ya empezaban a surgir las primeras quejas de algunos particulares temiendo los más que probables abusos en la tala de este término.

Las obras en la nevera prosiguieron en los años 1724 y 1725. Fue entonces cuando un conocido maestro cantero de la villa, Juan Julián Urrutia, levantó un tejado a dos aguas sobre el pozo. Esta cubierta se sustentaba por medio de dos pilares de mampostería, cuyas esquinas se reforzaban con piedra, alcanzando un grosor total de 80-120 cm. cada uno. Sobre estos mismos pilares se disponían dos vigas de madera, que a su vez, se apoyaban en otras tantas transversales. Con posterioridad, se ahondaría el pozo en dos ocasiones, se abriría un desagüe y se instalaría una puerta con cerraja. No obstante, y a pesar de las denuncias de algunas inspecciones, este tejadillo cedió, dañando las paredes y el caño, además de cegar el pozo casi en su totalidad.

Con respecto a la tercera y última fase de construcción, contamos con información muy precisa. En 1727 los vecinos se afanaron a la hora de recomponer el pozo tras el desastre provocado por el anterior hundimiento del tejado. El 5 de febrero del mismo año, dos maestros canteros reconocían que los pilares presentaban un buen estado, pero se criticaba, por primera vez, el emplazamiento de la nevera y su falta de impermeabilidad para mantener la nieve en el interior.

No obstante, es a partir del 15 de febrero de 1728, cuando se reestructura por completo el pozo de la Bizkaia. En esa fecha, los maestros canteros Miguel y Francisco Guallar, vecinos de la villa aragonesa de Pintano, acordaron con la villa de Aibar una actuación integral en el pozo de la Bizkaia. Los trabajos que llevaron a cabo en el pozo se prolongarían durante siete meses. En primer lugar, se cubrió todo el interior del pozo con una pared circular de piedra seca, de 1,26 m de grosor y 6,3 m de profundidad, Por cada tramo de 2,1 m de pared se insertó una hilada de piedras en disposición vertical –la documentación habla de arcos-. De esta manera, dos "anillos" dividían el pozo en tres pisos iguales. Cabría preguntarse por su finalidad práctica, ya que no parece que tuvieran ninguna función constructiva esencial. Por otro lado, la documentación posterior tampoco apunta del todo hacia la hipótesis de que se traten de algún tipo de "referencias" para calcular con mayor exactitud el nivel de nieve acumulada. Esta misma intervención también sirvió para colocar una nueva casetilla con tejado a dos aguas sobre la superficie del pozo. Su altura coincidía con la de los pisos del pozo -2,1 m-, y sus paredes estaban hechas de cal y arena. Además se abrió un caño, en ángulo recto y hacia el Este para el mejor desalojo de la nieve derretida. Finalmente, se construyó una nueva puerta destinada a introducir la nieve de forma más cómoda. Según estos datos, la altura total de la nevera alcanzaría los 8,4 m-6,3 de ellos bajo tierra-, quedando un hueco interior cuya boca medía 6,3 m de diámetro, aunque algo menos por su fondo. Con estas dimensiones, el pozo de la Bizkaia podría llegar a almacenar unos 196 metros cúbicos de nieve aproximadamente. Cabe reseñar que en la época en que fue construido, estaba considerado como un pozo muy grande y de boca muy ancha.

Para el abasto de los vecinos y para vender la que se pudiera afuera

La nevera de la Bizkaia empezó a utilizarse de forma inmediata, en el mismo invierno de 1723-1724. Sin duda alguna, se hacía muy necesaria la provisión de nieve a la villa por aquel entonces, ya que parece ser que no resultaba suficiente con la nieve y el hielo encobilados en el pozo del Cerco. Tanto es así que en varias ocasiones se tuvo que comprar nieve en mercados foráneos, como en el de Lumbier para el verano de 1708, con la consiguiente sobrecarga económica. Quizás también por falta de existencias en el pozo del Cerco, el encargado del abastecimiento de nieve a lavilla no pudo cumplir con su cometido en 1722, justo un año antes de la construcción del pozo de la Bizkaia. Bajo la amenaza de una fuerte sanción, las autoridades municipales le apremiaban en el reparto de nieve, por ser cossa tan necesaria del bien comun el abasto de dicha niebe o yelo. Así, los vecinos de Aibar decidieron construir una nueva nevera y asegurarse la provisión de nieve de forma más directa y barata.

En un primer momento, la nevera no presentó problemas, incluso se llegaron a vender excedentes a los pobladores de Eslava, Cáseda, Gallipienzo, Santacara y a todo aquel que lo solicitase. Pero, al año y medio de su entrada en funcionamiento, Simón de Sola, el arrendatario del momento, afirmaba haber perdido mucha de la nieve guardada en el pozo. Unos peritos, nombrados por la villa, reconocieron el desastre. Según su declaración, la nieve se iba deshaciendo y el agua se acumulaba en el suelo del pozo por encima de las varas sobre las que la efímera nieve permanecía. A pesar de ello, la situación pudo retomarse, y en el ejercicio fiscal de 1724, las cuentas del depositario de la villa únicamente presentaron un ligero déficit en el ramo de nieve.

En 1725 se produjeron dos hechos bastante significativos. En primer lugar, el arriendo del producto del Cerco quedaba complementado con el de la Bizkaia, solución muy recurrida durante la segunda mitad del siglo XVIII. Pero también surgieron las primeras dificultades serias para conservar la nieve dentro de él, hasta tal punto que el arrendatario de los dos pozos huyó de la villa, haciéndose cargo de la embarazosa situación sus herederos. Nuevamente, se tuvo que echar mano de nieve traída de fuera, esta vez desde Villaveta, cerca de Aoiz y a más de 20 Km. De distancia. A pesar de la denuncia del mal estado de conservación del pozo por parte del teniente alcalde de Aibar –quien decía que necesitaba recomponerse y refinarse para su mayor subsistencia-, su tejado acabó por hundirse definitivamente en 1727, como ya se ha visto.

Se iba consumiendo dicha nieve a toda prisa fuera de lo regular

Tras la completa reconstrucción de los años 1727 y 1728, la nevera estaba lista opara ser explotada de nuevo. Así, el vecino y escribano real, Bernardo Laboreria y Zalba, se adjudicó el arriendo del pozo el 6 de noviembre de 1728, por un período de nada menos que ocho años, y a razón de 20 ducados anuales, pagaderos el día de San Miguel. Una de las cláusulas del contrato especificaba que la villa le entregaba el pozo compuesto, bien, y, perfectamente con sus paredes de piedra circundando todo el dicho pozo con sus paredes, y, cubierto aquél, bien perfectamente con el escalador y vertiente en el suelo de dicho pozo, para que puedan expeler las aguas con comodidad y sin que se pueda rebalsar aquélla en dicho pisso, y, que sobre dicho escalador se aya de terraplenar la abertura que ay sobre él, para que no puedan fender los aires. Igualmente, se estipulaba que, de no haber nieve, el arrendatario quedaba excusado de pagar la renta por ese año. Otras facilidades que se le ofrecían eran la posibilidad de recoger la nieve de los sembrados circundantes con entera libertad, y el compromiso de la villa de recompensarle por cualquier ruina inesperada que afectara a la nevera. No era para menos de cara a afrontar con garantías un arriendo por tan largo tiempo. Por su parte, Bernardo Laboreria corría con los gastos de llenado del pozo, daba prioridad a los vecinos de Aibar en la vente de nieve, y supeditaba su persona y bienes, así como los del fiador del arriendo, Diego de Rada, al entero cumplimiento del mismo. Sin embargo, como veremos a continuación, Bernardo Laboreria no cumplió con su trabajo, y, a raíz de las quejas de la villa, el asunto terminó en los tribunales.

En la Sección de Tribunales Reales del Archivo General de Navarra, se ha conservado el proceso judicial de los vecinos de Aibar contra Bernardo Laboreria, sobre refacción o rescisión del arriendo de la nieve de la Bizkaia en el año 1735. Según la declaración del implicado, éste almacenó toda la nieve posible en el pozo durante dos años, bajo sus propias expensas, y con mucho cuidado y diligencia. Pero, al ir a recogerla, advirtió que gran parte de ella se había perdido, por lo que dejó de llenar el pozo en los dos años siguientes para evitarse más gastos inútiles. Es más, junto con otros declarantes, coincide en que allí resultaba imposible que se pudiera conservar mucha nieve, por lo que solicitaba una revisión del contrato de arriendo que había firmado años atrás. En concreto, Bernardo Laboreria alegaba en su descargo que la nevera padecía varios "defectos de fábrica de terreno". Por ejemplo, el hecho de estar en un paraje elevado y orientada al Sur, donde le daban el Sol, desde que salía hasta que se ponía, además de todos los vientos, excepto el Cierzo. La fuerza del calor del sol y del aire cálido echaba a perder sin remedio toda la nieve que allí se recogía. Por otro lado, y continuando con el mismo testimonio, el problema quedaba acentuado al tratarse de un pozo de boca ancha y sin las escorrederas suficientes para la salida de aguas. La mayoría de testigos del proceso que decían haber reconocido el pozo y trabajado en las labores concejiles de encobilado, coinciden básicamente con esta declaración de Bernardo Laboreria. Cabe destacar los testimonios de dos maestros canteros que aprueban la fábrica de la nevera, pero, por otro lado, recomienda un emplazamiento más adecuado, como el de otros pozos de la misma zona geográfica. Según opinión de estos canteros, para que dicho pozo fuese permanentte y manttubiese la nieve que en él se pusiese, devia esttar en paraxe o terreno opaco, resguardado del sol y de la ventilación de bochorno y castellano, por ser los aires más nocibos para la conservación de la nieve (...).

Por el contrario, en la versión del fiscal, Bernardo Laboreria y todos los vecinos de Aibar, conocían de antemano la situación del pozo. Éste prosigue diciendo que, las paredes del pozo, a pesar de estar construidas a posteriori, se encontraban en perfecto estado y que la nevera, bajo su punto de vista, era una de las fabricas buenas que ay en el entorno de la villa. Si es que se había desecho la nieve, denunciaba, era por negligencia de su depositario, por el poco cuidado que se tuvo durante el empozado, e, incluso, llega a decir que como consecuencia de aver tenido la puerta abierta. Es más, los años en que dispuso de nieve, Bernardo Laboreria hasta vendió una porción fuera de la villa. El proceso quedó pendiente –Bernardo Laboreria moriría por esas fechas-, pero sus herederos y los de Diego de Rada, el fiador del arriendo, fueron obligados a llegar a un acuerdo con la villa para completar, a plazos, los pagos pendientes. Hasta 1756-1757 no se liquidó definitivamente la deuda con los vecinos.

No se encuentra postor para la nevera

A partir de 1746, la nevera de la Bizkaia entra en una fase en la que se suceden, indistintamente, las adjudicaciones de su arriendo, con la ausencia total de personas interesadas en su explotación. En algunas ocasiones, tras fracasar el remate de candela de su nieve, la propia villa se ve obligada a administrar directamente el depósito. Igualmente, se constata un descenso paulatino de la duración de los contratos. De los ocho años a los que se comprometió en su día Bernardo Laboreria, se pasaba a los cinco meses y medio de provisión de nieve durante el período 1781-1784, se establecía que el arrendatario pudiera disponer del pozo del Cerco en condiciones, y, también, subsidiariamente, el de la Bizkaia libre, para que pueda poner niebe a su arbitrio. Sin duda alguna, asistimos a un paulatino declive del uso de la nevera de la Bizkaia, seguramente agudizado por los años en los que apenas nevaba, y por la competencia que suponía el agua fría de la fuente recién estrenada en Aibar –según se dice, antes todos la gustavan (la nieve ) por carecer de agua fresca (...)(2) .

La última mención directa al pozo de la Bizkaia data del 21 de febrero de 1798. En esa fecha, Francisco Domeño tomaba en arriendo el pozo del Cerco, pero la villa también le cedía el aprovechamiento de la nevera de la Bizkaia. A partir de entonces, las noticias documentales conservadas únicamente hablan, siempre en singular, del pozo de nieve, la nevera, la nevera de la villa, o simplemente, nieve o el arriendo de nieve. Todo parece indicar que son referencias al pozo del Cerco y no al de la Bizkaia, seguramente caído en desgracia. En primer lugar, por la propia trayectoria del pozo del Cerco para seguir en funcionamiento, mucho más segura, fiable y rentable que la de la Bizkaia. En segundo lugar, porque precisamente con el nombre de nevera de la villa era como se conocía a este mismo pozo antes de entrar en escena el de la Bizkaia. Ello explicaría también que durante el período de coexistencia, por lo menos "documental", de ambas neveras en Aibar (1723-1798), fuera necesario especificar más en sus denominaciones para poder distinguirlas. Así, se adoptó al nombre de cada una de ellas, el topónimo donde estaban emplazadas; por un lado, la del Cerco (también de la villa), y, por otro, la de la Bizkaia (llamada en alguna ocasión del monte). Por último, bajo esos nombres genéricos no cabe suponer un " arriendo conjunto" de las dos neveras, práctica habitual en los últimos años, ya que siempre que falta nieve en el pozo del Cerco, se acude fuera de la villa para comprarla, sin mencionarse para nada la de la Bizkaia. Por tanto, se trataría del depósito del Cerco, el cual la villa terminaría cediendo al Santo Hospital de Aibar en 1802.

Conclusiones

La nevera de la Bizkaia parece un pozo construido apresuradamente. No hay más que pensar en las continuas reparaciones a las que se vio sometido al poco tiempo de su entrada en funcionamiento. A juzgar por los problemas detectados para la conservación de la nieve en su interior, tampoco se pensó muy bien el lugar en el que fue abierto. Los vecinos critican insistentemente el intenso calor del Sol que entra por la puerta durante todo el día, y los vientos cálidos que inciden directamente sobre la nevera. De esta forma, resultaba imposible mantener la nieve en su interior.

Por otro lado, los vecinos de Aibar decidieron abrir el pozo a la vista de las dificultades que atravesaban con el simple abastecimiento del pozo del Cerco de la villa. En este sentido, no hay que olvidar las dificultades detectadas en los años previos a la construcción de la nevera de la Bizkaia. También, cabe destacar la iniciativa vecinal por mejorar la producción y la venta de excedentes.

En un primer momento, la nevera pareció funcionar a la perfección, incluso se vendió algún remanente de nieve en otras localidades cercanas. Pero, poco tiempo después, comenzaron los primeros problemas de conservación de la nieve, cuyo culmen se alcanzaría en 1735 con el proceso abierto contra uno de sus arrendatarios, Bernardo Laboreria y Zalba. En los años sucesivos asistimos a un progresivo declive de la nevera. A pesar de que la villa se afanaba por sacarlo a pública subasta, el arriendo quedaba desierto en bastantes ocasiones. Nadie presentaba postura alguna, todo lo contrario a lo que sucedía con los disputados arriendos del pozo del Cerco. Además, durante la segunda mitad del siglo XVIII (3), el producto encobilado en la Bizkaia servía únicamente como complemento al del Cerco. A falta de documentación que demuestre lo contrario, es fácil pensar que el pozo de la Bizkaia fue progresivamente dejado de lado, hasta caer en el más completo abandono a finales del siglo XVIII . La "misteriosa" desaparición de las referencias documentales desde 1798, no parece responder a una cesión de la nevera a manos de algún particular o entidad. La trayectoria histórica del pozo en cuestión, plagada de gastos, arreglos y arriendos desiertos, no invitaba precisamente a hacerse cargo de ella. Por otro lado, la compra de nieve foránea cuando quedaba agotada la del pozo del Cerco parece bastante determinante para concluir en un abandono de la nevera de la Bizkaia. Por todo ello, cabe concluir que la explotación de esta nevera en Aibar se prolongó desde 1723, fecha de su construcción, hasta el año 1798, cuando figura por última vez en la documentación antigua. Su recorrido histórico abarcaría, por tanto, un breve marco de 75 años.

(1) La nevera del Cerco Figura en la documentación desde el año 1664-1665, aunque su construcción seguramente es bastante anterior, incluso no cabe descartar un posible origen medieval. Se ha seguido la pista de este pozo hasta 1819, año en el que, aparentemente, desaparece de los registros documentales. Existen bastantes dudas sobre la localización exacta de su emplazamiento, pero probablemente haya que identificarla con el "hueco" que los vecinos llamaban La Corte, cerca del antiguo Santo Hospital, del padul de la villa y del propio Cerco, en dirección a Rocaforte.

(2) Hacia 1799 la villa de Aibar encargaba la construcción de una fuente de agua potable.

(3) A modo de comparación, según Juan Labeaga Mendiola, en los años 20 del siglo XX se abandonan los antiguos pozos de nieve en la zona de Sangüesa, en la que se enmarca la villa de Aibar, siendo sustituidos paulatinamente por fábricas de hielo artificial. Por su parte Rafael García Serrano afirma que la nevera de Sangüesa se abandonó exactamente en 1915 y la de Cáseda hacia 1928.

ESCUDO

Trae de gules y un castillo de tres torres de oro, la central más alta que las laterales y almenadas de tres almenas. Debajo del castillo dos llaves del mismo metal cruzadas en sotuer. Quizás provenga este blasón del sello céreo que usaba la villa desde el siglo XIII y que representaba, bajo una arcada flanqueada de dos torres y sumada de una tercera más alta, la imagen del patrón San Pedro empuñando una llave. En siglos posteriores y siguiendo las leyes heráldicas, la arcada con las torres se simbolizó en el castillo y la figura del santo en las llaves.

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